Las piezas del puzzle de América del Sur están cambiando y el mapa se va tiñendo de otros colores. El 18 de diciembre, la convulsa y hermosa Bolivia dejó boquiabiertos a todos sus vecinos. Evo Morales, el indígena aymara que se presentaba a Presidente de la República por el Movimiento al Socialismo arrasaba con una mayoría incontestable de casi 54%. Bolivia se suma así a Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela, que, cada uno a su manera, desafían el orden establecido en esta región.
¿Quién es este hombre que fue portada del último número de la revista “Newsweek” y que arrebató las primeras páginas de la prensa mundial con su espesa mata de pelo negro y su sonrisa ancha? ¿Qué pretende Morales? Primero que todo, representa lo que hasta hace poco nadie imaginó que podría ocurrir en América: un indio, cocalero, pobre, será el 22 de enero Presidente de Bolivia y con él se desata una tormenta de nuevas ideas que se pueden resumir en una central: el cambio del modelo neoliberal. Eso pretende Morales.
Ahora todos lo miran. Con esperanza, algunos con curiosidad, y no pocos con desdén, en un mundo donde la palabra “indio” suele considerarse un insulto. En este marco racista se sitúa la “broma” de la radio del Episcopado español, en que un payaso se hizo pasar por el Presidente del Gobierno, José Rodríguez Zapatero, y logró hablar con Morales.
Evo Morales nació en el altiplano, en una choza cerca de Oruro. Su vida cambió cuando el cierre de las minas y la sequía lo empujaron, a él y a miles como él, a la selva del Chapare, en Cochabamba. Allí no había llamas que pastorear, pero había mucho por plantar. “En el Chapare, la vida era dura; al usar hachas y machetes se reventaban las manos. Los colonos decían que nuestras manos lloraban sangre. Sin embargo, como nunca antes había soñado, tenía pomelos, naranjas, papayas, plátanos y coca”. Y se convirtió en cocalero.
El sindicalista nació para la política en 1981, cuando vio quemar vivo a un campesino que se negó a declararse narcotraficante por plantar coca. En 1988 es elegido máximo dirigente de su gremio. Era la época en que la guerra de turno de Estados Unidos era contra el narcotráfico. Y el Chapare era el mayor proveedor de materia prima para fabricar cocaína. Así que la represión fue dura. Y Morales la probó.
COCA, NO COCAÍNA
Hoy, para el Presidente electo el derecho a cultivar coca sigue siendo uno de los puntales de su programa. “No es posible que sea legal la coca para la Coca-Cola e ilegal para la comunidad indígena”, dice. Y convoca a Estados Unidos a hacer una alianza de lucha efectiva contra el narcotráfico: “Estamos de acuerdo con que debe haber cero cocaína y cero narcotráfico, pero no habrá cero coca ni cero cocaleros”. También promete controlar la producción y que los excedentes sean vendidos a los mercados legales y para la investigación de otros usos de la “planta sagrada” de los Andes.
Insistió en ello el día de las elecciones, en el pequeño pueblo Villa 14 de Septiembre, donde aún mantiene su casa, su plantación de coca y su registro electoral. El pueblo entero lo acompañó en procesión a depositar su voto en la escuela del pueblo, mientras los 100 periodistas de todo el mundo que llegaron a la selva se peleaban por tener una imagen o una palabra suya.
El área de cultivos ha vuelto a crecer tras una drástica disminución que se produjo en los años ’90. Los satélites norteamericanos han detectado aumentos que van desde 25% a 100% en Los Yungas y en el Chapare en estos dos años. Y como dice un campesino del trópico cochabambino, “con la coca puedo darle de comer a mis hijos. Con los cultivos alternativos de frutas nos morimos de hambre”. El último informe de la ONU dice que Bolivia produce 49 mil toneladas métricas de hoja al año, de las que 38 mil son destinadas a la producción de cocaína.
GAS PARA TODOS
Otro pilar del programa del MAS es la nacionalización de los hidrocarburos. Las fabulosas reservas de gas, el último tesoro descubierto en Bolivia, son el gran botín del que hasta ahora sólo se han beneficiado las compañías internacionales que las explotan. Apenas uno de cada 100 bolivianos tiene gas en su casa. La “guerra del gas”, como se conoció a la insurrección popular de hace dos años, reclamaba su nacionalización y la revisión de todos los contratos con las compañías internacionales. También exigían que el gas no saliera por puertos chilenos, como era el plan del entonces Presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada.
Sesenta muertos después, el Presidente huyó a Miami, Chile no tiene gasoducto ni relaciones diplomáticas con Bolivia, y ésta aún no tiene mar. De momento, las compañías petroleras se mantienen a la expectativa, pero no han huido. Morales ha garantizado la recuperación de sus inversiones y ganancias razonables. Pero no piensa renunciar a exigir mar para Bolivia, y Chile, por ahora, se niega a revisar los viejos tratados. Éste será, sin duda, uno de los temas que tendrán que asumir los nuevos gobiernos de ambos países. Esta relación de vecinos está tan marcada por los desencuentros como por la intensa actividad comercial entre el norte de Chile y los bolivianos.
Pero el gas no sólo es un problema internacional, sino también interno. Los grandes yacimientos se encuentran en la zona oriente, conocida como la Nación Camba. Además del gas, esta región tiene gigantescos valles donde cultiva principalmente soja, que exporta a muchos países, especialmente China. Santa Cruz y Tarija lideran una pujante economía y aspiran a tener mayores cuotas de autonomía. La pugna por independizarse del poder político del altiplano ha llevado a muchos a hablar de una posible desintegración territorial de Bolivia como país.
Las elecciones del domingo pasado volvieron a dibujar estas dos Bolivias. El conglomerado político Podemos, que lidera Jorge Quiroga, ganó en todo el oriente, pero Morales quedó segundo y no cuarto, como vaticinaban las encuestas. Su Gobierno tendrá que negociar con los prefectos (gobernadores), casi todos del Podemos y que fueron elegidos democráticamente por primera vez.
No obstante, los empresarios de esa zona también le están dando un voto de confianza a Morales. Posiblemente por sus promesas de respetar la propiedad privada y de frenar la corrupción y la “extorsión de los partidos tradicionales a la clase empresarial”.
CERCA DEL CIELO
Y aquí es donde entramos en el fenómeno Evo, que va más allá de su programa económico. Hay algo místico en su discurso y el de sus seguidores. En cualquier plaza de pueblo de Bolivia se puede escuchar a la gente discutir sobre lo que desean. Y lo que desean no sólo es mejorar sus condiciones de vida –Bolivia es el segundo país más pobre de América, sólo por delante de Haití–, sino que se habla con palabras que parecían desterradas de la política, como la dignidad de las personas, del resurgimiento de una nueva espiritualidad de raíces indígenas, del respeto al medio ambiente, “porque somos el reservorio de conocimientos científicos para salvar a la humanidad”, como dice el Presidente electo.
Consideran esta una humanidad en peligro y un planeta al borde del colapso por culpa del capitalismo neoliberal. Aquí es donde el discurso de Morales se inflama y cautiva a los antiglobalizadores de todo el mundo.
Toda esa originalidad que representa Morales no sólo hizo llorar a las cholas y cholos cuando se dio a conocer su victoria en la sede de la Federación de Cocaleros de Cochabamba, sino también a artistas e intelectuales, estudiantes de todas las clases que han creído que su país “no es inviable”, como ha repetido hasta la saciedad el candidato elegido. Casi nadie podía sustraerse al hecho de estar viviendo un momento histórico que trasciende las fronteras del país. Ni los corresponsales.
¿INVULNERABLE?
El nuevo Mandatario circula por la vida sin el cortejo de asistentes y guardaespaldas que caracteriza a todo Jefe de Estado, ministro o hasta subsecretario que se respete. Él toca y se deja tocar, por así decirlo. Es vulnerable a una agresión.
El fantasma del atentado ha planeado sobre Evo Morales desde que se convirtió en líder. Existan planes para eliminarlo o no, está claro que su Gobierno tendrá que enfrentarse a los poderosos, tanto internos como externos. Y de los externos, Estados Unidos es el principal. Todas las declaraciones de los altos cargos del Gobierno de George Bush han sido cautelosas. Su triunfo lo suman al “eje maligno” de Chávez y Castro.
Y no es porque sí que se esté planificando la construcción de una base militar en el vecino Paraguay. Este viernes se confirmó en La Paz que la Embajada estadounidense sacó del país una cantidad no determinada de misiles tierra-aire de fabricación china y de propiedad del Ejército boliviano, en una operación secreta de la que el comandante en jefe dice no tener idea.
Si bien es cierto que los planes de Morales huelen a revolución, también ha demostrado ser un político hábil, y durante su campaña dio muestras de ser capaz de negociar con los sectores más duros, que desconfiaban de él y de su vicepresidente, Álvaro García, sociólogo, matemático y ex guerrillero. Y lo de Chávez y Castro lo matiza con la simpatía de Lula, Kirchner y Vázquez.
Aun así, ¿qué posibilidades tiene Evo Morales de gobernar tal como pretende? Es la pregunta del millón. Los bolivianos dejaron claro lo que quieren para ellos mismos. Ahora sólo falta que el resto lo permita.
buen artículo, sin duda
yo veo la elección de morales en relación con la "insoumission" de que hablaba gresh en le monde diplomatique el pasado mes de septiembre: la resistencia legítima a la globalización neoliberal puede tomar formas contraproducentes, como el terrorismo, el fundamentalismo o el nacionalismo
¿se puede catalogar a morales como un demagogo de izquierdas? creo que de momento no tenemos nada que demuestre lo contrario. como un dirigente elegido democráticamente, merece una oportunidad.
ha elegido el camino difícil, el de enfrentarse a la corriente dominante. y sólo por eso ya merece un reconocimiento. pero, y vuelvo a gresh, ir contracorriente no siempre es buena señal. esperemos que morales se parezca más a lula que a chávez (por no hablar de castro)
de todas formas, enhorabuena a los bolivianos. esperemos que el camino que han elegido sea el más provechoso para ellos y sus vecinos. esperemos que morales suponga un verdadero cambio. para bien